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Gripa en los bebés: síntomas y remedios

En los primeros meses de vida el bebé tiene aún las defensas que su madre le transfirió durante el embarazo y no tiene por qué enfermarse en exceso, sobre todo si los cuidadores tienen presente que la principal vía de contagio no es el aire, sino las manos. No sólo hay que evitar respirar y toser encima del bebé, sino que cualquier persona con gripa o que haya limpiado la nariz de algún niño con gripa debe lavarse bien las manos antes de tocar a un bebé.

Se pueden observar los siguientes síntomas, que duran entre tres y diez días: estornudos, secreción nasal, dolor de cabeza (en niños mayores), goteo y congestión nasal, ojos llorosos, picor, dolor o flema en la garganta, tos, cansancio y una sensación de malestar general.

Causas

La gripa está causada principalmente por un tipo de virus, el rinovirus, siendo conocido también como "rinofaringitis”. Hay más de 200 tipos distintos de virus del resfriado por eso no sorprende que los niños cojan esta enfermedad frecuentemente.

Diferencias entre gripa y alergia

Las gripas, especialmente si son frecuentes, pueden ser difíciles de diferenciar de una alergia ya que los síntomas son parecidos. Las alergias producen mucosidad que está relacionada con el contacto con el polen, polvo, humedad, pelos de animales, etc. Se inician más bruscamente tras la exposición a aquello que las produce y van acompañadas generalmente tos seca, estornudos muy frecuentes y/o seguidos, picor en los ojos y lagrimeo abundante. No producen fiebre, ronquera ni dolor muscular y suelen durar más de dos semanas. Como el tratamiento es diferente te recomendamos que consultes al pediatra si tienes dudas.

Medidas generales

Como las gripas están causadas por virus ( y no por bacterias) no hay remedios que las curen. Lo único que podemos hacer por nuestros pequeños es ayudarles a aliviar los síntomas que producen.

Es muy importante despejar la nariz de mucosidades. Enséñale a sonarse en cuanto sea capaz de aprender a hacerlo. Si no sabe, trata de hacerlo tú. Las gotas de suero fisiológico o el agua de mar a presión aplicada en la nariz también le ayudarán a respirar mejor ya que favorecer la eliminación de las secreciones y ayudan a producir estornudos.

Si el ambiente es seco utiliza de vez en cuando un humidificador. Los baños de vapor contribuyen también a hacer las secreciones más fluidas.

Cuando haya moco muy abundante o espeso, puedes usar un aspirador nasal para extraerlo tras haber utilizado suero fisiológico. Estos métodos son indicados siempre y cuando no se abuse de ellos, ya que pueden irritar la mucosa nasal.

Puesto que los bebés con gripa tienen dificultades para comer y dormir, es preferible utilizar los métodos mencionados antes de las comidas y antes de acostarlos. A la hora de dormir puede ser útil elevar un poco la cabecera de la cama, poniendo una almohada o algún libro debajo de la parte superior del colchón para que puedan respirar mejor al estar un poco inclinados. No mezcles esencias (eucalipto, etc) con el agua del humidificador ni se las apliques directamente en la piel, especialmente a los niños pequeños. 

Es útil que les ofrezcas muchos líquidos para compensar las pérdidas producidas por el aumento de mucosidades. Además, esto les ayudará a que los mocos sean más fluidos y a que las expectoraciones sean más efectivas expulsándolos. No te preocupes si el niño no tiene ganas de comer sólidos, la nariz tapada hace que comer les resulte incómodo.

La gripa puede producir algo de fiebre. Recuerda que ésta es un mecanismo de defensa del organismo para combatir mejor a los virus. Si no tiene más de 38,5° y es mayor de 3 meses no es necesario darle ningún remedio a no ser que así te lo indique el pediatra.

¿Cuándo debo llevar a mi bebé al médico por una gripa?

Es importante cuidar al niño para evitar posibles complicaciones, producidas sobre todo por bacterias, como otitis, sinusitis, conjuntivitis purulenta o neumonía.

Hay otros síntomas a los que debemos prestar atención y llevar al niño al pediatra si observamos:

  • La persistencia de fiebre durante más de tres días (aunque tenga buen ánimo)
  • Dolor de oídos o cabeza
  • Dificultad para respirar
  • La persistencia de más de 10 días de mucosidad nasal espesa de color amarillo o verdoso
  • Decaimiento generalizado
  • Tiene secreciones amarillas o purulentas en los ojos.

Requiere atención pediátrica inmediata si:

  • Tiene más de 38° de fiebre y es menor de 2 meses.
  • Le cuesta respirar y no parece que tenga la nariz muy tapada.
  • Respira muy deprisa y esta respiración es quejumbrosa, o silbante o presenta como "pitidos".
  • Está tan irritable que no logra calmarle, o tan somnoliento que no puede despertarle. 
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